Días de llanto

Dramaturgia y dirección: Miguel Valiente
Género: Drama en un acto
Duración: 100 minutos Temática: Postguerra Española-Libertad de expresión

Sinopsis
La obra es un retrato del encuentro y la amistad de dos personajes clave de nuestra literatura –Miguel Hernández y Buero Vallejo– quienes, tras ser condenados a muerte por el régimen de Franco, convivieron durante varios meses de 1940 en la prisión madrileña de Conde de Toreno. En drástica contraposición con los diálogos, de tono intimista y emocional, mantenidos por Hernández y Buero, presenciamos las crudas conversaciones de sus carceleros, un sargento y dos jóvenes soldados, los cuales, como ellos mismos dicen, “con Franco a muerte”. En medio de este brutal contraste entre vencedores y vencidos, surge la figura del carcelero Alejo, antiguo falangista que acaba desarrollando un rechazo frontal del régimen de Franco, y autor de un diario manuscrito que recoge sus impresiones de la prisión. Días de llanto es una obra de teatro y, como tal, de ficción, pero basada en una minuciosa documentación y, sobre todo, en la atenta lectura de la obra de estos dos grandes de nuestra literatura.


Elenco
Valentín Veguillas (Buero)
Pablo Ibáñez (Hernández)
Paco Vicente (soldado Alejo)
Pedro Muñoz (Sargento)
Jaime Páramo (soldado Cándido)
Gabriel Alacqua (soldado Paco)
Técnico de luces y sonido
José Carlos González
Dirección
Miguel Valiente

El montaje de la obra se llevó a cabo durante una residencia de cinco días en La Nave del Duende (Casar, Cáceres), y se realizó una muestra con público el día 23 de diciembre de 2020.

Reseña:

Los hechos que se narran tienen una base absolutamente real: Hernández y Buero estuvieron en la misma cárcel y tuvieron un contacto personal constante, hasta el punto de que fue por entonces cuando Buero dibujó un retrato del poeta que acabó convirtiéndose en la imagen icónica de Miguel Hernández. Pero, como cabe imaginar, el desarrollo dramático es absolutamente ficcional. Lo cierto es que los protagonistas pasaron muchas horas juntos, pero no compartieron celda. En las prisiones franquistas no existían celdas ocupadas solo por dos internos, sino que había grandes espacios ocupados como mínimo por quince o veinte prisioneros. Las conversaciones entre Miguel y Antonio son las que el autor, en un ejercicio de pura creación dramática –apoyada, eso sí, en un análisis minucioso de sus escritos y en una atenta lectura de los testimonios de personas que los conocieron en aquellos años–, imagina e inventa. Al fin y al cabo, en eso consiste la creación literaria.

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